La historieta, tebeo o cómic español es una de las tradiciones de historieta más importantes a nivel europeo, gozando de sus años dorados en los años cuarenta y cincuenta, además de un boom entre finales de los setenta y mediados de los ochenta. Por lo demás, ha sufrido la estrechez e incluso crisis de su mercado, como en la actualidad, donde su facturación no llega al 6% de la producción editorial del país, y sólo alrededor de un 10% de ella cuentan con autoría y producción autóctona.
Históricamente, sus mayores centros de producción han sido Barcelona, Valencia y Madrid, por este orden, aunque muchos de sus dibujantes han tenido que trabajar para el extranjero. Además de historietas, el tebeo de la postguerra española recogía "material diverso destinado genéricamente a la infancia" como concursos, juegos recortables, pasatiempos, secciones instructivas, etc. Entre 1940 y 1950, la precaria situación económica obligó a recurrir a cupos de papel, llegándose a usar el original. Además, la mayoría de los tebeos no consiguieron autorización como publicación periódica, lo que les obligaba a renovar continuamente su permiso de edición y a no incluir la numeración, la fecha ni idéntico título en la portada. Sólo a partir de 1946, los tebeos comerciales empezaron a mejorar su periodicidad, desarrollándose un auténtico mercado nacional, en el que vuelven a dominar los productos barceloneses, más comerciales. Durante los años cincuenta sus editoriales más importantes fueron Bruguera, Cliper, Hispano Americana de Ediciones y Toray.
Bruguera fue una editorial española radicada en Barcelona, que se dedicó sobre todo a la producción de literatura popular e historietas. Creada en 1910 como El Gato Negro, fue reconvertida en 1940 y llegó a poseer:
Una planta industrial (en Parets del Vallès), una división publicitaria (Nueva Línea), una librería (Proa), una distribuidora (Libresa), sellos filiales (Ceres), varias sucursales en el territorio español y delegaciones en el exterior (Argentina, Brasil, Colombia, Lisboa, México, Portugal, Venezuela), y un boletín de comunicación interna (Nosotros).
En el campo de la historieta, el papel desempeñado por la editorial Bruguera en la posguerra española fue fundamental. Los autores y obras más reconocidas son: Don Pío (1947) de Peñarroya, El repórter Tribulete (1947) de Cifré, Zipi y Zape (1948) de Escobar, El loco Carioco (1949) de Conti, La familia Cebolleta (1951) de Vázquez, Mortadelo y Filemón (1958) de Ibáñez y Agamenón (1961) de Nené Estivill. Dirigidos por Rafael González Martínez, estos dibujantes lograron configurar un estilo fácilmente reconocible, a medio camino entre el entretenimiento infantil y el costumbrismo satírico. Terenci Moix acuñó la expresión "escuela Bruguera" para referirse a la producción de historieta humorística de la editorial.
Tío Vivo fue una conocida revista de historietas española que comenzó a publicarse en 1957 y desapareció en 1986, aunque con un intervalo a principios de los ochenta.
La historia de "Tío Vivo" comenzó como la aventura empresarial de un grupo de dibujantes de la Editorial Bruguera (Escobar, Peñarroya, Conti, Cifré y Giner), quienes, sintiéndose explotados y deseando poder controlar los derechos sobre sus creaciones, se independizaron y fundaron en 1957 la cooperativa D.E.R. (Dibujantes Españoles Reunidos). Con el objetivo de crear una revista de historietas dirigida a un público adulto, inspirada en la revista argentina Rico Tipo, D.E.R. comenzó a publicar a finales de mayo la revista Tío Vivo, autodefinida como "semanario de humor para mayores", y que contó con impresión y distribución de Crisol.
Conti fungió de director artístico de la nueva editorial. Imposibilitados de continuar con los personajes que habían creado en los diez años anteriores para Bruguera, los dibujantes se ven obligados a crear otros nuevos como: “La Familia de Pi” (Peñarroya), “Blasa portera de su casa” (Escobar) etc…
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